lunes, 14 de octubre de 2013

BIENVENIDOS A MI BLOG

Para aquellos que os preguntéis como he llegado hasta aquí,  voy a contaros mi historia:

     Tengo dos hijos y uno ellos,  mi pequeña,  cuando iba a cumplir tres años, me pidió que le comprara una tarta de princesas. Me fui a una pastelería cercana a casa y se la encargué. Llegó el día de su cumpleaños y fui a recoger la tarta. Era una tarta rectangular de nata. Habían coloreado la superficie de marrón y verde y llevaba un borde de color rosa fuerte alrededor de la tarta, realizado con manga pastelera. La decoración: una minúscula muñequita de plástico con un vestido blanco y una mini-carroza de princesa también de plástico. Para ser una tarta infantil los colores de la tarta no me parecían nada bonitos, pero como llevaba la muñequita y la carroza, pensé que a ella le gustaría, aunque a mí no me terminaba de convencer mucho.

     Celebrábamos el cumpleaños por la tarde con la familia, todo iba bien hasta que llegó la hora de sacar la tarta. La niña se llevó una gran desilusión al ver la tarta y al igual que a mí,  tampoco le gustó. En aquel momento sentí tanta rabia y decepción por el mal rato que estaba pasando la niña, que la prometí que para el año próximo yo iba a ser quien le iba a hacer "la tarta más bonita del mundo". Y desde entonces me puse a investigar por mi cuenta, a mirar en blogs y a aprender todo lo posible sobre decoración de tartas y fondant. Siempre me había gustado la repostería y reconozco que no se me daba mal, aunque está mal que yo lo diga, pero dicho sea de paso,  de ahí a hacer una tarta de diseño,  ¡era todo un reto!
     Y pasó un año... El día anterior a su siguiente cumpleaños, le pregunté a mi hija de qué quería que fuese la tarta y ella me contestó que se la hiciera de esas pequeñas mascotitas con forma de animalitos, ya sabeis, Littlest Pet shop, y claro tenía que hacérsela, si no su decepción, sería mayor. Me puse manos a la obra y después de varias horas decorando y modelando, este fue el resultado.


     Lo mejor, ver a mi hija feliz al ver su carita resplandeciente de alegría y de ilusión. Valió la pena todo el trabajo y el tiempo invertido. Después vino el cumpleaños del niño que no quería ser menos que la hermana y le hice también su tarta. Y así un cumpleaños tras otro... empecé por los de la familia, continué con los de los amigos... y desde entonces sigo, porque  os aviso, ¡esta afición engancha!. Lo que antes era un sitio para cocinar, se ha convertido para mí, en: MI MARAVILLOSO RINCÓN  DE REPOSTERÍA CREATIVA.  ¡Estáis todos invitados a compartirlo!

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